lunes, 25 de octubre de 2010

26 de lluvia

Cómo contenerme de ese afán de gotas de sal, si sigues dando pasos en la lluvia, afuera, las gotas caen y se azotan, desarmándose, caen y se azotan, como queriendo escapar a toda prisa un cielo que ha volcado sus mares a una tempestad sedienta de ver llover y ver caer gotas, desde lo alto y a toda prisa, reventar otra vez y ver llover, y ver llover, tú en cambio miras desde los semáforos, eres esa sombra que siempre se escurre entre los pliegues que dibujan esos arboles, cuando llueve, me borras casi con paciencia, con esos toques de tango, y así, de pronto me elevas en un aire de pétalos mojados, de humedad, de morado en la ceniza. Sobrevuelas un ir y venir de pájaros que escriben en las paredes, que observan el cielo que llueve, y dejan caer suaves las palabras, una a una, grandes frases que revientan como gotas rojas en las mejillas, y desarman sobretodo las pupilas, cómo, y cae una a una, revienta, y tú escribes en una ventana empañada con un papelito, un redondo gris, y un hombre pasa y mira el circulo del sol, se asombra, que ha salido el gris, y las las niñas apresuran su marcha y salen a buscar y la lluvia ha compuesto todo, los parque se llenan de cemento y establecimientos comerciales con flores dentro, en los estacionamientos los animales hacen fiesta y la luna descansa sobre la pálida hamaca que dibuja el mar, todo se ha volcado hacia los cursos de la lluvia, todos han cedido, pero tu aún sigues indescriptible, misterio de invierno, implacable certeza.

miércoles, 20 de octubre de 2010

No me parece ya nada peculiar encontrarme de pronto al seco de una esquina con más perros mugrientos, cómplices de una melodía melopea y vagabunda, como quien patea piedras para encontrar en algún tirón su otra cara, ese anhelo de sombras nuestras escondidas en cualquier sitio, como esos pasajes de barro entre aceras, el alquitrán; me abro paso entre el tumulto de los fantasmas y soy como otro perro apenas despierto al mordaz cosquilleo de los oficinistas, me despierto de nuevo del ensueño casi en el asombro y lavo la cara con mis sobras del ayer, para después la toalla y el jabón, ese rito histérico. Salgo a la calle y de nuevo los perros, el alquitrán en las veredas, los autos y los giros y los giros...

miércoles, 11 de agosto de 2010

11 Agosto

Se me hacen un mar las horas,
se me hace eterno el paisaje,
se me mueren niños a cada minuto ahogados,
ahora mismo por ejemplo: no sé bien,
si caigo o sobrevivo, si estoy muerto o alucinado,
como aferrado a un péndulo infinito y desolador.

Ahora si,
te digo amor,
y siento que trago humo,
grandes ciudades contaminadas hasta la inmundicia
por la incontenible fiebre humana,
siento que camino sobre un hilo
con cien universos de fondo,
que hay una habitación
atestada de teléfonos y sólo
en uno estás tú,
cómo te explico,
si las paredes me gritan tu nombre en todas partes,
si los diccionarios están vacíos de tanto llorar,
si en mi calle, los perros trepan hasta la luna
para ladrarme desde lejos,
¿Me entiendes?
yo siempre lo supe y sin embargo,
no fui yo quien te buscó, amor,
alguien con más corazón,
que diseñaba castillos eternos,
con el solo sustento de unos ojos.
Ahora la lluvia cae, las páginas se endurecen
y lastiman, todo el mar se esconde tras mi ventana,
tienes que venir a verlo...

domingo, 1 de agosto de 2010

V

Cinco,
como la edad de los niños cuando aprenden las mentiras,
cuando quiebran su simple lógica, blanda.

Cinco como los puntos cardinales,
el último se me perdió, hoy, ayer, quién sabe hace cuanto tiempo,
por eso no te podría encontrar, por eso la madrugada me volvió loco.

Este debería ser un punto final, el último punto final,
el único punto final, pero tal vez no soy yo querida.
Sé que me voy a quedar siempre con esas dos páginas
rotas por la mitad, cuánto podría caber allí,
cuánto de irracional guardaban estos ojos, cuánto.

Sé que me voy a quedar con esa media hora acechante en la memoria,
con esos perros ladrando a lo lejos, con esa nieve en los zapatos,
con esa esquina, esa rosa, ese papel sangrado,
la desesperación la entienden los desesperados,
las lágrimas, los versos.

Ahora me marcho,
creo haber oído direcciones,
cientos de kilómetros a lo lejos,
no quiero llegar tarde, no otra vez.

IV

El desamparo
como una maquinaria irremediable,
como una escalera al revés.

Abajo está al muerte ¿ la oyes ?

Viene corriendo y yo no aprendo a subir.

Tal vez soy su hijo cobarde, tal vez por eso la nostalgia innata,
tal vez no es tan malo.

III

El impaciente
la rueda de la fortuna,
los idiotas que se lastiman el alma,
por no comprender que para subir al cielo
hay que comprar el barro.

Que no es tan ancho el universo como parece,
que es más angosto y más, que cabría en mi habitación,
si me sentara un boca abajo.

Que los cantos no llenan los oídos, que los ojos no abrazan el alma para quedarse.
he aprendido tantas cosas, he aprendido que sufrir es un arte,
diminuto y vital, preciso para quien puede caer al fondo y volver intacto,
mortal para quien se olvida que abajo no hay señalética ni direcciones.

"Desgarrar la poesía en una lágrima para encontrarte a ti"

Y hoy esa lágrima me ha abierto un agujero en el pecho,
me ha dejado desnudo, con sentido mínimo de cualquier cosa.

Las sombras me abruman, me hacen parte de su fiesta,
creo que me quiero quedar,
creo que me quiero quedar...

II

Ya no te espero,
ya no busco tu mano invisible en la sombra,
ya no creo en el amor, ni en las manos de la gente,
ni en los hermanos verdaderos, ni en el silencio.

Hoy he bebido café a las seis de la mañana
y he tenido miedo, hoy me despedí de mi rostro blando,
de mi espada celosa, de mi sentencia torpe.
Hoy he descubierto gatos arañando muros,
tan cerca de mi ventana, tan oscura es la noche.
Tan fácil es hacer daño y tan difícil escribir
sobre los labios de cualquier otro, juzgar
para tener derecho, condenar y olvidarse
de las veinticuatro horas, de los siete días de la semana,
de los treinta del mes, de Agosto, de Septiembre, de Octubre, de Noviembre, de Diciembre,
supongo que aquí me detengo, para escupir al cielo y marcharme lejos.

Hay un árbol que guardó un pétalo negro en una flor,
ahora ese pétalo también es su hijo.

I

He sabido sumergirme una vez más
en el lago profundo de la muerte.
Mis manos estilando de negro,
el rostro, los dientes, el pelo,
todo cubierto, como para matarme
de un solo golpe, de una vez.

He sabido levantar los ojos,
para recibir el barro de frente,
y he sabido marchar de vuelta,
otro siglo de larga espera, para poder
sumergirme de nuevo a buscar.

Mi tesoro se me perdió,
lo tenía en la mano y se me perdió,
podría matarlo, podría matar tantas cosas,
la muerte nos deja tanto y tan poco, nos deja sentados,
expectantes, mudos, como cuando caen las gotas
en la ribera del río, hoy quiero morirme, de nuevo.

Quiero morir desde la risa más profunda, al llanto desatado,
como un animal sediento, como un hijo que se va para siempre,
he sabido hasta ahora inventar el pan, las voces, los ojos de la gente,
he construido grandes ciudades en mi espalda, en mi frente,
me han poblado tantas veces, los pulmones ensangrentados.

El colapso viene con la resignación, con el balde de agua fría al corazón,
El colapso desanuda las cortinas y abre las ventanas, para descubrir la noche infinita.
El colapso lo traes tú, pero pudo ser cualquiera.

Ahora que respiro, escucho que afuera canta un niño, los arboles me rugen en la puerta,
se desatan largas pláticas con el viento, siento que no hay más que un aroma ácido que
envuelve mi garganta en un suspiro o un sollozo, la luna brilla insolente detrás de una nube.

Ahora me replanteo el universo, me replanteo las leyes que rigen el tiempo y los astros,
la lluvia y el rocío, creo que ahora si puedo volverme pájaro o canción, o tal vez campana o silueta.

Todo se derrumba, y por fin estoy en paz,
las ventanas cortan las luces,
los amigos cierran sus puertas,
la ciudad se tranquiliza y la noche me absorbe inevitable,
para volverme parte de ella, para sentir el gozo,
limpio, único, para gritar por última vez y dejar correr el brillo
desde el cielo, para que no me alcancen, ni me busquen y mucho
menos me encuentren, para ahogarme como supe de niño,
debajo, bien abajo, de la sombra.

jueves, 15 de julio de 2010

Plegaria

Luces fuera.

Poema muerto no.° 2

Amor
cómo explicarte
lo inmenso del vacío
la tempestad infinita y venidera
el choque de dos universos tan distantes,
cómo devolverte tu nombre para siempre, no
encontrarte más en cada esquina, en cada gota de café.
cómo apaciguar una única herida, si te has vuelto
todo, amor, si detrás de cada puerta, en cada
paso, en cada nombre, en cada risa estas
tú. Quiero borrarte, para tenerte
siempre escondida, como un
tesoro, quiero olvidarte,
para encontrarte de
nuevo, para volver
a amarte, ya no
te amo más
amor, ya
no

miércoles, 14 de julio de 2010

Poema muerto

Te amo,
pero de amarte
habría de agotar todo
el amor en el primer respiro, el tuyo.
De amarte, amor, cortaría todas las rosas
y las escondería secretamente bajo tu almohada,
para que de pétalos llenemos todo, desde los estan-
dartes de guerra hasta la ligera risa de los niños.
Amor, tus ojos son el refugio del sol los días
en que se hecha abajo el mantel de la
lluvia, que ahoga los corazones.
ash, pero tus ojos no pueden
quebrar la muerte, amor,
estoy tan muerto,
ya no te amo,
amor.

martes, 13 de julio de 2010

Soledad colectiva

Así nos va,
no es la medicina moderna,
ni es el estrepitoso siglo XX
que se nos viene encima como
un monumental castillo de naipes.

No es que nos hayamos cansado
de gritarle al cielo en la cara,
ni es que hayamos roto todas
las luces del universo.

No es el invierno más largo,
ni es que se hayamos congelado,
todos los nacimientos.

No es la lujuria que dota (hoy)
a la idiotez de sentido, ni es que
el mundo se haya acortado para
quienes buscan en el aire un respiro.

No es la maquinaria del escepticismo
que nos envuelve las manos en ceniza,
ni se ha vuelto la creatividad un manojo
de sueños muertos.

No es que hayamos derramado la última
gota de sangre, ni hacia falta sangre
para cortar del cuello la esperanza.

No es el cotidiano que nos envuelve
en el pegajoso velo del tiempo,
ni es que el tiempo se haya desarmado
para todos los que mueren antes de morir.

Sea como sea,
no seguiré esperando
de pie sobre la arena.

(la espuma carcome por dentro)

lunes, 12 de julio de 2010

Tiempo para dos

Se cree antes en el silencio
que en uno mismo:

Asume una vez tu nombre
y lo tendrás para siempre,
como una cicatriz inevitable.

Asume de una vez este andar
callejero y tremebundo y tal vez
comprendas por qué lo digo.

Más de una vez me han detenido
de reojo en la calle, los gritos invisibles
en pleno rostro, como un golpe.

Más de una vez me han secuestrado
décadas enteras, largos siglos, por
aventurarme a mirar entre rejas.

Asumir es resignarse; suplicarle al sol
un rayito inocente, que nazca desde el suelo.

sábado, 10 de julio de 2010

La ciudad

Abajo, la ciudad tiembla,
se desploma el gris
y de las ventanas
escurre a gritos caudalosos
un universo muerto.

Ha caído inevitable el invierno.

En las principales avenidas
y concurridas arterias,
se dibujan burbujas
llenas de niños dentro,
como para calmar la ira
de la capital sedienta
de ver y ver venir el odio.

Su esquina habita dentro,
callará para llegar a quedarse.

Pero mientras, los corazones
llueven invisibles, torrentosos.

No podría creer que algo
vuelve a crecer al margen
de esta penumbra.

En la ciudad,
los alumbrados de las calles
son como las gentes, descorazonados, sombríos,
han sido todos perforados en el centro,
ya sea por obra o desobra del nuevo viejo milenio.

Ahora echa a correr tu risa,
el frágil patín que es aguardar
expectante el cambio, y bueno,
como ya sabes, la ciudad no marchará
a ninguna parte.

La impotencia es el límite,
donde la locura sepulta los corazones.

(Now...
close your eyes)

jueves, 17 de junio de 2010

Resumen de noticias (Nacimiento)

18 lunas idénticas se han posado hoy sobre mis cabellos,
como volver a ser niño una vez más, así de repente.
Veo atrás, y encuentro una colección de puentes hecho añicos,
miro por delante y un precipicio enorme se dibuja en torno mío:
entre otras cosas vaga el amor, la fortuna, la dicha,el honor, la gloria, el prestigio, la fama,
ese tipo de cosas que buscan los hombres cuando se cansan de ser niños.

Pero yo por mi parte, quiero seguir buscándome en lo hondo,
quiero alzar mi bandera y en un grito la risa, el corazón, el alma.

Quiero buscar manantial entre rocas,
exigir una caricia a la dura mano del odio,
buscar la libertad en mis propios pies, recientemente tan llenos de polvo y barro.
La alegría en cualquier rosa o parque o campana o tal vez un café o una sábana,
lo que el viento quiera arrastrar a mi lecho, por capricho o azar.

Ir como el agua, unánime, hermoso, sin preocuparme de las rígidas tormentas del sol,
que no siempre acaban por llegar a todas, todas las puertas. Quiero hacer crecer flores,
despilfarrar una sonrisa o dos o tres o cuantas quieran venir a mi encuentro.

Quiero creer que no ha muerto en mis cabellos el brillo tan hermoso que de niño supe abrigar: el blando de los ojos y el alma, la imaginación, el placer en las cosas tontas y sencillas (que no guardan nunca una importancia práctica, pero si un refugio tibio en tu hoy, avasallado corazón profeta), en fin…

sábado, 5 de junio de 2010

Último tiempo

Dejé llegar sin discrepancia a mi lecho, éste raudal del tiempo.
Sobrio artilugio de una complejidad abismante, quiero decir:

¿Sabe alguien hasta donde es capaz de llegar, el óxido en sus entrañas?

Cada día me defiendo exasperado, como envuelto en odio.

Hasta el mantel de la mesa me parece en cierta forma,
un pequeño mundo.

Salgo a la calle y enseguida la algarabía incesante.

Entro en mi habitación que cada vez se ha de encoger más sobre mis hombros.

Cada vez me encuentro más lejos de éste barrio.

Siento que viajo como sobre un astro diminuto, sin un mínimo de control.

Veo como frente a mis ojos en un ventanal enorme se dibujan rostros y nombres.

Veo rejas.

De vez en cuando una rosa.

Pero estoy tan lejos.

Sólo me queda un recuerdo.

He llenado éste sitio de grandes cuadros, repletos de ojos,
para atenuar mi soledad.

Cada paso hace crujir la madera bajo mis pies.

No hay remedio.

No me busques.

Probablemente, tampoco me encontrarías.

Tú.

C'est la vie.

(Rueda entre las escalinatas del vasto teatro,
un corazón diminuto)

- La audiencia se retira con gran modorra, nadie se percató en ningún instante la brizna tibia que acompañó el relato.

Abrelatas

Ésta tarea me ha retrasado de seguro,
más de una vez en mis labores prácticas y cotidianas.

En mi calle cada día hay más muros y esta tarea de dividir
las aceras parece más activa que nunca.

El ladrillo como ya debes saber,
exige ciudadanos firmes.

Quienes no busquen mirar entre los agujeros
al extenuado vecino, o a su más querido.

Exige por supuesto, de un amor plástico y sutil,
enjabonado casi hasta la locura,
como para ser expuesto de ornamento,
o esculpirlo cuidadosamente en el ante-jardín.

Que fácil, no.

Hoy se les ve a todos construyendo grano a grano
sus enormes muros, sus oficinas de metal.

Como en casi todas las cosas; no acabe por entenderles.

Ya vez, me hice una trinchera.

Renuncié primero, como es debido,
al agobiante nombre que asumí, a la dirección prescrita,
a todos los credos existentes y las figuras políticas.

No quise llevar nada conmigo.

Entonces,
una violenta nube vino a parar
justo sobre mi cabeza.

Tormenta tras tormenta arrasó con mi única lucha,

Fui entonces cayendo al mismo mundo que me trajo,

Fui haciéndome un sitio.

Ahora miro con vergüenza.

El pecho me sangra.

Vaya a saber usted como van a sangrarle las manos cuando por fin entienda, lo único que de verdad hizo en vano.

Va a consumirle la irá.

Váyase entonces.

Allá lo espera un ancho día.

Acá termina éste encuentro.

Lights out.

jueves, 3 de junio de 2010

Ocaso y residencia

Torpe.
Lo confieso.

He vuelto a enmudecer mi rostro,
He vuelto a contener el pecho,
He vuelto a corromper mi sombra,
He vuelto a olvidar por última vez el abrigo.

Y vez, qué te parece,
me he vuelto una paradoja viva,
¿no crees?

Podría haber resuelto todo, así, en un segundo,
pero estabas tú, y y tus inmensos ojos brillantes,
a contra luz, y a contra mundo,
no creo necesario dar más detalles,
para revelar tu perfil insepulto.

Ya el tiempo ha destajado,
sin descuido nuestras marcas,
los aires diminutos que advirtieron una vez,
el cruce irónico, entre nuestros tan distantes destinos.

Te cuento un poco más,
ven camina, ésta página precisa
de unos ojos como los tuyos, para no crisparse entera de negro.

Quiero hablar resuelto,
sin ataduras ni cadenas,
sin sogas amarradas al cuello,
ni marcadores en la muñeca,
ni números en las esquinas y en las habitaciones.

Estos meses han sido violentos,
han azotado mi puerta, la han hecho trizas.

Ahora soy como el loco que junta los últimos pedacitos,
que abraza las migajas y se figura que todo vuelve, como el agua.

Ahora está la luna,
que vuelve a encandilar este bosque solitario y húmedo.

Ahora se ha desquebrajado el cielo bajo tus pies.

Ya vez como has transformado el mundo.

Tu no lo sabes, pero es tan simple.

Como una rosa, un helado, un lápiz.

Debo dejarte.

Sólo una palabra me gustaría llevar conmigo.

(en medio de una hermosa función, alguien se desmaya. Un gran alboroto termina por hacer trizas la escena, se apagan las luces, los ojos se apagan, un corazón pregunta)

sábado, 29 de mayo de 2010

También la música juega en mis ojos.

(A modo de introducción para el poema un texto de Julio Cortázar)

El canto de los Cronopios

Cuando los Cronopios cantan sus canciones preferidas, se entusiasman de tal manera que con frecuencia se dejan atropellar por camiones y ciclistas, se caen por la ventana, y pierden lo que llevaban en los bolsillos y hasta la cuenta de los días.

Cuando un Cronopio canta, las Esperanzas y los Famas acuden a escucharlo aunque no comprenden mucho su arrebato y en general se muestran algo escandalizados. En medio del corro el Cronopio levanta sus bracitos como si sostuviera el sol, como si el cielo fuera una bandeja y el sol la cabeza del Bautista, de modo que la canción del Cronopio es Salomé desnuda danzando para los Famas y las Esperanzas que están ahí boquiabiertos y preguntándose si el señor cura, si las conveniencias.

Pero como en el fondo son buenos (los Famas son buenos y las Esperanzas bobas), acaban aplaudiendo al Cronopio, que se recobra sobresaltado, mira en torno y se pone también a aplaudir, pobrecito.


(Interludio)


La gente sale a buscar café y se aplaza la función en diez minutos, nada más.


(Tras el imponente y rojo telón alguien canturrea un poco, guitarra en mano, piel, voz, corazón, en fin.)




"Acatad los desórdenes.
Vivid la crisis de los círculos cerrados.
La rebelión contra la evidencia.
Y no olvidéis que Dios no cumple
con los mandamientos de la ley de Dios."
Roque Dalton

¿Qué decir?
Sólo quiero beber un poco de sombra,
aprender el oficio de la pérdida y la renuncia,
como si las voces pudieran rasgar el cielo,
hacerlo lluvia.

(como tantas otras cosas)

domingo, 23 de mayo de 2010

Tres aristas y un centro

"Antes de hundirme en el infierno
los lictores del dios me permitieron que mirara una rosa"
Jorge Luis Borges

Está bien. He resuelto en relatarte por fin la historia de este impúdico desierto. Es como si de pronto me hubiera quedado solo. Así, en un abrir y cerrar de ojos; como el loco que retorna a sus solitarias cavernas, que descubre en esos rostros plástico y en esas sonrisas papel. Pero bueno, supongo que este cuento no es de manera alguna algo singular, pero no puedo negarte que he conocido el fondo, que esta arena brilla por su fin propio, no el mio. Acertarás si quieres, en recoger mi rastro libre, el perfume muerto que ha quedado de lo que ya no soy, ni volveré a ser, que he caído sin darme cuenta en un mundo fantasmal y desértico, donde las direcciones tuercen su sentido, y me hunden lentamente en la arena.
Este destino no es para nada casual, es el resultado de una mala jugada, de una apuesta absurda a un sólo número, quizás lo sospechabas y me esperaste desde lejos, oculta en esa misma esquina que nunca crucé por temor a alejarme aún más de tus ojos. Pero no va esto al caso, quiero narrarte que perdido en este desierto aún veo siluetas en el horizonte, detrás de la eterna cortina que dibuja el abismo, esa humedad agobiante que desprende la arena cuando no puede soportar más el peso del sol. Te veo, todavía te veo aunque no me preguntes nada. En las noches oscuras cuando las estrellas inundan el paisaje, escucho tu risa. Oh, tengo que salir corriendo, no hay más lugar que el mio aquí, no hay otra sombra que la mía. Tal vez no entiendas lo que digo, te hablo desde muy adentro, como si pudieran las palabras extender un puente entre el cristal de tu boca y mi torpe corazón idiota, que nunca pudo verte.
Y bien, creo que todo acaba, terminaré en este relato, como quien acaba con el vino amargo del olvido, que no terminará en fin por disipar la pena.

(Fin)

La función acaba.

La luna devora afuera una tímida noche.

Olvidan bajar el telón.

Apagan las luces del Teatro.

( muere un artista bajo el escenario. Un viejo tango se echa a correr por la oscura avenida)

viernes, 21 de mayo de 2010

Intermitencia despectiva


"Y en uno de esos trozos transparentes del muro de piedra
yo había visto a esta muchacha y había creído ingenuamente
que venia por otro túnel paralelo al mio"
Ernesto Sabato


Así eres.

Como un pajarillo fugaz que enternece las palomas,
y luego renuncia y deja caer las plumas y el rumbo.
Sabías hacernos ver debajo de esa nube: el viento,
el aire, el mar, los respiros nocturnos de la arena húmeda y silvestre.

Frágil.

De pronto tu latir diminuto se convierte en certeza,
por el paseo público un pálido señor gris revienta todas las luces del alumbrado.
Es preciso encontrarte antes de que las estrellas se desplomen,
como tábanos heridos.
Es preciso correr tras las siluetas muertas o acabar llevando todo
a un cajón repleto de polvo vivo.

Luz.

Hay una luz despierta en el último piso de este interminable edificio mudo,
un apartamento donde sólo tus ojos podrían abrirse paso,
- oh, pero es tan tarde.
Poco a poco se va descascarando a enormes pedazos el cielo.

Llueve.

Y que más da,
algo más de sal no habrá de matar a nadie,
como el agua que se hunde entre las sábanas,
el torpe rocío que impregna el ambiguo ropaje,
los dedos que acarician y luego se hunden resignados en el delírico elixir de tu piel.

Grito.

El final,
que nazca desde el fondo para terminar ahogado
en lo hondo de una noche, en cualquier campo húmedo,
donde los árboles y los pastos no sepan más que de gotas muertas y de silencioso barro.
Donde en el fondo de un lago fantasmal y secreto, se hunda mi risa,
para terminar viviendo junto a las piedrecillas grises,
que de lejos siempre te miraron.

Tranvía.

Hay en el fondo de éste callejón un oxidado tranvía,
aguardando a llevarme lejos, casi tan lejos como para no volverme loco,
hay cuatro aristas en este desquiciado mapa y un centro, en el mismo lugar,
el mismo edificio, la misma luz, el mismo apagón, el pajarillo inquieto que no estará cuando se decidan a terminar todo los frenéticos redactores del diálogo.

(Una rosa pierde su único pétalo,
un niño la mira desde lejos y llora)

La audiencia arremete con furia. La función acaba.

Cae un telón esta vez pálido.

jueves, 20 de mayo de 2010

Último grito

Arrulla la madre al hijo,
se ha hecho ya de noche en plena selva moderna,
dos estrellas intactas contemplan, aquel sencillo espectáculo.

Arrulla y canta, canta y arrulla,
como si de sus manos naciera el sol,
como si sostuviera en ellas, el último refugio de los dioses.

No piensa más,
el amor es en sus manos un cristal de rosas.

Canta y sabe que afuera cae el tiempo a pedazos,
por las avenidas, se siente el histérico trajín.

El desesperado tranque de los hombres,
la construcción masiva de muros, murallas,
edificios suicidas, el golpeteo incesante.

Canta y arrulla, arrulla y canta.

Dos versos.

Uno tuyo.

Castillos y edificios se derrumban,
sólo escombros vivos rondan la cuadra.

No creerás lo que cuentan,
ese día ni los relojes pestañearon,
codo a codo todos ellos preguntaron,
clamaron vidita, lloraron desde dentro vidita.

Dime dónde.

No te vayas.

Déjanos el último pie.

Déjanos creer, no acaba.

Grito, un grito seco hace escarcha la noche del 27.

Ya no hay telón,

sólo sombras.

lunes, 17 de mayo de 2010

Laberinto II

Sucede que llego a la casa,
y me pierdo en enormes laberintos:

Hay un ocaso encerrado bajo los relojes,
todo gira debajo de tu risa, este viento pálido
no precisa una dirección definida, no va ni viene,
no espera, ni busca.

Hay unos zapatos al margen de esta extenuada puerta,
hay polvo en las paredes y en la ceniza.

Hay un rostro sujetado con dos manos en el aire.

Hay un pasatiempo mecánico de burbujas que se revientan
en el medio de la noche.

Sobretodo esta de noche.

Cinco cadenas sujetan la puerta.

Alguien espera del otro lado.

Alguien golpea.

La madera cruje y sangra.

La madera es sujetada por cinco cadenas.

Las cadenas están frías.

Dos almas se separan.

Dos existencias mueren.

Sólo el metálico trajín de la muerte las desploma.

Ya es tarde.

El ocaso cae.

Cae una vez más el telón.

La imagen se detiene.

las lágrimas no tocan el piso.

domingo, 16 de mayo de 2010

Sobre un tema con música - Otoño

Un pedazo de tiempo
fugaz y violento,
que fue a parar
directo al mar.

Y lo tomaste sin saber
que habrías de morir en el.

Ya no hace falta
que me digas donde hallar
un rincón tibio
donde descansar y amontonar
este dolor.

Despilfarraste el ser
y un último grano de luz
se fue.

Dicen en la villa que tu vida
es una vida más.

Dicen que tu corazón no logró
embrujar jamás la soledad.

Y que va a ser de éste lugar
sin la piedad que hay en tus ojos,
sin el arrullo y melodía de tu voz.

Caen las hojas sobre el mar,
ya no hay más flores en la pálida ciudad.

sábado, 15 de mayo de 2010

Indicios

Un mes apenas de melancolía y nostalgias,
de encaramarse entre estas oscuras telarañas,
que de pronto, se han vuelto una ciudad entera.

He vuelto después de todo;
el relente abrumador ha hundido inexorablemente,
cualquier posibilidad, de volver a encontrarte.

Ya ha completado su ciclo dramático,
este soliloquio perverso y desgarrador,
que precisaba de una habitación vacía,
repleta de sombras y enormes laberintos.

Extenuada se ha vuelto esta fascinación indómita;
hay algo en el aire además de este aroma a pétalos muertos,
y alegrías desarraigadas, no puedo verlo.

Me he vuelto un ciego;
este ínfimo rincón me ha marcado para siempre,
no están tus ojos aquí, no hay nadie.

Tendría que gritar tantas veces,
para volver a creer.

Carta de Julio Cortázar a Edith Aron

"Querida Edith: No sé si se acuerda todavía del largo, flaco, feo y aburrido compañero que usted aceptó para pasear muchas veces por París, para ir a escuchar Bach a la Sala del Conservatorio, para ver un eclipse de luna en el parvis de Notre Dame, para botar al Sena un barquito de papel, para prestarle un pulóver verde (que todavía guarda su perfume, aunque los sentidos no lo perciban). Yo soy otra vez ese, el hombre que le dijo, al despedirse de usted delante del Flore, que volvería a París en dos años. Voy a volver antes, estaré allí en noviembre. ( ... ) Pienso en el gusto de volverla a encontrar, y al mismo tiempo tengo un poco de miedo de que usted esté ya muy cambiada, ( ... ) de que no le divierta la posibilidad de verme. ( ... ) Por eso le pido desde ahora y se lo pido por escrito porque me es más fácil ( ... ) que si usted está ya en un orden satisfactorio de cosas, si no necesita este pedazo de pasado que soy yo, me lo diga sin rodeos. ( ... ) Sería mucho peor disimular un aburrimiento. ( ... ) Me gustaría que siga siendo brusca, complicada, irónica, entusiasta, y que un día yo pueda prestarle otro pulóver."

jueves, 13 de mayo de 2010

Persianas del Pánico

Un viento blanco entra por el enorme ventanal,
hacia el salón vacío.

De pronto el súbito latir del reloj hace crujir las paredes,
la pintura de los cuadros se destiñe y cae en medio del salón,
parece todo mentira.

En el medio de la sala un hombre agoniza,
quiere gritar que esta ahí, quiere descolgar el teléfono por
última vez y saber que nadie aguarda del otro lado.

Un estruendo arremete en el salón,
callejones enormes se asientan en la extraña sala.

No hay nadie más.

No hay nadie perdido.

Sólo este latir de tiempo muerto.

Este último segundo de vida.

Este universo muerto.

miércoles, 12 de mayo de 2010

Laberinto I

Amarrado al suelo, es la única forma,
sin escuchar un solo latido este loco,
descubre en el techo enormes telarañas,
laberintos oscuros repletos de gentes y de nombres inconclusos,
aquella Rosa meditativa dibujada con frío rigor, suspende su universo hasta hacerlo plástico.
Se esconde en los rincones quiere olvidar, quiere nacer desde lo más hondo,
desde el derrumbe más definitivo y avasallador,
se mueve lentamente, se arrastra entre su propio barro,
no encuentra mas que letras muertas,
busca un nombre, aunque sea una letra o un número, un indicio de existencia.

¿Dónde estás?

martes, 11 de mayo de 2010

Itinerario

La rígida máquina nunca antes estuvo tan furiosa,
tan desenfrenada en su maniático afán de contarlo todo.

Engranajes que despedazan las siluetas,
titiriteros de un destino melancólico y sutil, inevitable.

Como desactivar esta idiota manía de correr hacia
la sombra y el destierro.

Como evitar tornar un rumbo al compás de este asesino paisaje.

Falta una página sin embargo en este libro indócil,
arrancada con piel y uñas, destinada a permanecer
libre de etiquetas y el agobio ensordecedor de mis dedos,
Busco y busco desesperadamente,

¿Dónde estás ?

lunes, 10 de mayo de 2010

Punto Aparte


"Los que más bajo caen son los grandes,
a los pequeños les perdemos el rumbo.
En el amor se traicionan todos,
el amor es el padre de sus vicios."
Enrique Lihn

(Un profundo vacío hace ademán de poder llenarlo todo)

Hay cristales rotos bajo la puerta,
dos niños lloran las heridas de una infancia póstuma y desgarradora.

Hay un cuchillo afilado a las espaldas del muerto,
dos lágrimas vírgenes ruedan por debajo de las máscaras.

Hay cuatro letras enterradas bajo tierra,
sólo una hora antes del crepúsculo el sol se derrumba.

Hay hombres de traje negro de pie en esa esquina,

Cree que sonríe,
Cree que busca,
Cree que encuentra.

Juega la suma millonaria a un solo numero,
un solo rostro, el tuyo.

Cae y sabe que no habrá retorno.

Acuden al espectáculo oficinistas y empleados, académicos y estudiantes,

Es totalmente un milagro.

Un fulgor tísico en sus pupilas hace llorar a la audiencia.

Cae el telón entre arrebatos.

domingo, 9 de mayo de 2010

Allemande

Se abre el día.

(Hay afuera una gotera hirviendo;
Anoche llovió. ¿Te acuerdas?)

Bastará con decirte cuanto más desesperado sería no decir palabra alguna.

Caen goteras desde lo alto del cielo.

Alguien llora.

Cae el telón.

sábado, 8 de mayo de 2010

Prélude

Dispongo de tan poco para encontrarte,
son estas manos dormidas, tan cerca de tu sombra,
este porvenir terco, aferrado inevitablemente
al balcón enigmático del olvido.

Comienzo otra vez con mi rutina suicida;
el estúpido deber, de encontrarte en todo:
las grietas de la puerta, la correspondencia muda,
el teléfono que grita y desmorona las paredes, el barro.

Hay un lugar perdido al compás de la ceniza,
Hay un pedazo del tiempo extraviado al margen de esta desenfrenada búsqueda.
Hay unos ojos que no volvieron a ser nunca, transparente certeza.
Un farol que agoniza y calla, en medio de esta diminuta habitación.

Ya ves, como me cuesta explicarte.

No es fácil transitar sobre el desahucio y el absurdo.
Ni es fácil volver a las seis y saber que acaba el día, sin un solo respiro.

El papel se rompe.
la humedad inunda todo.
es tiempo de callar, o gritar hasta morir de sed.
las agujas entran, clavan y dejan finas marcas en la piel.

Cae el telón.