ya no busco tu mano invisible en la sombra,
ya no creo en el amor, ni en las manos de la gente,
ni en los hermanos verdaderos, ni en el silencio.
Hoy he bebido café a las seis de la mañana
y he tenido miedo, hoy me despedí de mi rostro blando,
de mi espada celosa, de mi sentencia torpe.
Hoy he descubierto gatos arañando muros,
tan cerca de mi ventana, tan oscura es la noche.
Tan fácil es hacer daño y tan difícil escribir
sobre los labios de cualquier otro, juzgar
para tener derecho, condenar y olvidarse
de las veinticuatro horas, de los siete días de la semana,
de los treinta del mes, de Agosto, de Septiembre, de Octubre, de Noviembre, de Diciembre,
supongo que aquí me detengo, para escupir al cielo y marcharme lejos.
Hay un árbol que guardó un pétalo negro en una flor,
ahora ese pétalo también es su hijo.

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