sábado, 5 de junio de 2010

Último tiempo

Dejé llegar sin discrepancia a mi lecho, éste raudal del tiempo.
Sobrio artilugio de una complejidad abismante, quiero decir:

¿Sabe alguien hasta donde es capaz de llegar, el óxido en sus entrañas?

Cada día me defiendo exasperado, como envuelto en odio.

Hasta el mantel de la mesa me parece en cierta forma,
un pequeño mundo.

Salgo a la calle y enseguida la algarabía incesante.

Entro en mi habitación que cada vez se ha de encoger más sobre mis hombros.

Cada vez me encuentro más lejos de éste barrio.

Siento que viajo como sobre un astro diminuto, sin un mínimo de control.

Veo como frente a mis ojos en un ventanal enorme se dibujan rostros y nombres.

Veo rejas.

De vez en cuando una rosa.

Pero estoy tan lejos.

Sólo me queda un recuerdo.

He llenado éste sitio de grandes cuadros, repletos de ojos,
para atenuar mi soledad.

Cada paso hace crujir la madera bajo mis pies.

No hay remedio.

No me busques.

Probablemente, tampoco me encontrarías.

Tú.

C'est la vie.

(Rueda entre las escalinatas del vasto teatro,
un corazón diminuto)

- La audiencia se retira con gran modorra, nadie se percató en ningún instante la brizna tibia que acompañó el relato.

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