Lo confieso.
He vuelto a enmudecer mi rostro,
He vuelto a contener el pecho,
He vuelto a corromper mi sombra,
He vuelto a olvidar por última vez el abrigo.
Y vez, qué te parece,
me he vuelto una paradoja viva,
¿no crees?
Podría haber resuelto todo, así, en un segundo,
pero estabas tú, y y tus inmensos ojos brillantes,
a contra luz, y a contra mundo,
no creo necesario dar más detalles,
para revelar tu perfil insepulto.
Ya el tiempo ha destajado,
sin descuido nuestras marcas,
los aires diminutos que advirtieron una vez,
el cruce irónico, entre nuestros tan distantes destinos.
Te cuento un poco más,
ven camina, ésta página precisa
de unos ojos como los tuyos, para no crisparse entera de negro.
Quiero hablar resuelto,
sin ataduras ni cadenas,
sin sogas amarradas al cuello,
ni marcadores en la muñeca,
ni números en las esquinas y en las habitaciones.
Estos meses han sido violentos,
han azotado mi puerta, la han hecho trizas.
Ahora soy como el loco que junta los últimos pedacitos,
que abraza las migajas y se figura que todo vuelve, como el agua.
Ahora está la luna,
que vuelve a encandilar este bosque solitario y húmedo.
Ahora se ha desquebrajado el cielo bajo tus pies.
Ya vez como has transformado el mundo.
Tu no lo sabes, pero es tan simple.
Como una rosa, un helado, un lápiz.
Debo dejarte.
Sólo una palabra me gustaría llevar conmigo.
(en medio de una hermosa función, alguien se desmaya. Un gran alboroto termina por hacer trizas la escena, se apagan las luces, los ojos se apagan, un corazón pregunta)

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