como la edad de los niños cuando aprenden las mentiras,
cuando quiebran su simple lógica, blanda.
Cinco como los puntos cardinales,
el último se me perdió, hoy, ayer, quién sabe hace cuanto tiempo,
por eso no te podría encontrar, por eso la madrugada me volvió loco.
Este debería ser un punto final, el último punto final,
el único punto final, pero tal vez no soy yo querida.
Sé que me voy a quedar siempre con esas dos páginas
rotas por la mitad, cuánto podría caber allí,
cuánto de irracional guardaban estos ojos, cuánto.
Sé que me voy a quedar con esa media hora acechante en la memoria,
con esos perros ladrando a lo lejos, con esa nieve en los zapatos,
con esa esquina, esa rosa, ese papel sangrado,
la desesperación la entienden los desesperados,
las lágrimas, los versos.
Ahora me marcho,
creo haber oído direcciones,
cientos de kilómetros a lo lejos,
no quiero llegar tarde, no otra vez.

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