"Antes de hundirme en el infierno
los lictores del dios me permitieron que mirara una rosa"
Jorge Luis Borges
Este destino no es para nada casual, es el resultado de una mala jugada, de una apuesta absurda a un sólo número, quizás lo sospechabas y me esperaste desde lejos, oculta en esa misma esquina que nunca crucé por temor a alejarme aún más de tus ojos. Pero no va esto al caso, quiero narrarte que perdido en este desierto aún veo siluetas en el horizonte, detrás de la eterna cortina que dibuja el abismo, esa humedad agobiante que desprende la arena cuando no puede soportar más el peso del sol. Te veo, todavía te veo aunque no me preguntes nada. En las noches oscuras cuando las estrellas inundan el paisaje, escucho tu risa. Oh, tengo que salir corriendo, no hay más lugar que el mio aquí, no hay otra sombra que la mía. Tal vez no entiendas lo que digo, te hablo desde muy adentro, como si pudieran las palabras extender un puente entre el cristal de tu boca y mi torpe corazón idiota, que nunca pudo verte.
Y bien, creo que todo acaba, terminaré en este relato, como quien acaba con el vino amargo del olvido, que no terminará en fin por disipar la pena.
(Fin)
La función acaba.
La luna devora afuera una tímida noche.
Olvidan bajar el telón.
Apagan las luces del Teatro.
( muere un artista bajo el escenario. Un viejo tango se echa a correr por la oscura avenida)

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