lunes, 25 de octubre de 2010
26 de lluvia
Cómo contenerme de ese afán de gotas de sal, si sigues dando pasos en la lluvia, afuera, las gotas caen y se azotan, desarmándose, caen y se azotan, como queriendo escapar a toda prisa un cielo que ha volcado sus mares a una tempestad sedienta de ver llover y ver caer gotas, desde lo alto y a toda prisa, reventar otra vez y ver llover, y ver llover, tú en cambio miras desde los semáforos, eres esa sombra que siempre se escurre entre los pliegues que dibujan esos arboles, cuando llueve, me borras casi con paciencia, con esos toques de tango, y así, de pronto me elevas en un aire de pétalos mojados, de humedad, de morado en la ceniza. Sobrevuelas un ir y venir de pájaros que escriben en las paredes, que observan el cielo que llueve, y dejan caer suaves las palabras, una a una, grandes frases que revientan como gotas rojas en las mejillas, y desarman sobretodo las pupilas, cómo, y cae una a una, revienta, y tú escribes en una ventana empañada con un papelito, un redondo gris, y un hombre pasa y mira el circulo del sol, se asombra, que ha salido el gris, y las las niñas apresuran su marcha y salen a buscar y la lluvia ha compuesto todo, los parque se llenan de cemento y establecimientos comerciales con flores dentro, en los estacionamientos los animales hacen fiesta y la luna descansa sobre la pálida hamaca que dibuja el mar, todo se ha volcado hacia los cursos de la lluvia, todos han cedido, pero tu aún sigues indescriptible, misterio de invierno, implacable certeza.
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