no es la medicina moderna,
ni es el estrepitoso siglo XX
que se nos viene encima como
un monumental castillo de naipes.
No es que nos hayamos cansado
de gritarle al cielo en la cara,
ni es que hayamos roto todas
las luces del universo.
No es el invierno más largo,
ni es que se hayamos congelado,
todos los nacimientos.
No es la lujuria que dota (hoy)
a la idiotez de sentido, ni es que
el mundo se haya acortado para
quienes buscan en el aire un respiro.
No es la maquinaria del escepticismo
que nos envuelve las manos en ceniza,
ni se ha vuelto la creatividad un manojo
de sueños muertos.
No es que hayamos derramado la última
gota de sangre, ni hacia falta sangre
para cortar del cuello la esperanza.
No es el cotidiano que nos envuelve
en el pegajoso velo del tiempo,
ni es que el tiempo se haya desarmado
para todos los que mueren antes de morir.
Sea como sea,
no seguiré esperando
de pie sobre la arena.
(la espuma carcome por dentro)

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