18 lunas idénticas se han posado hoy sobre mis cabellos,
como volver a ser niño una vez más, así de repente.
Veo atrás, y encuentro una colección de puentes hecho añicos,
miro por delante y un precipicio enorme se dibuja en torno mío:
entre otras cosas vaga el amor, la fortuna, la dicha,el honor, la gloria, el prestigio, la fama,
ese tipo de cosas que buscan los hombres cuando se cansan de ser niños.
Pero yo por mi parte, quiero seguir buscándome en lo hondo,
quiero alzar mi bandera y en un grito la risa, el corazón, el alma.
Quiero buscar manantial entre rocas,
exigir una caricia a la dura mano del odio,
buscar la libertad en mis propios pies, recientemente tan llenos de polvo y barro.
La alegría en cualquier rosa o parque o campana o tal vez un café o una sábana,
lo que el viento quiera arrastrar a mi lecho, por capricho o azar.
Ir como el agua, unánime, hermoso, sin preocuparme de las rígidas tormentas del sol,
que no siempre acaban por llegar a todas, todas las puertas. Quiero hacer crecer flores,
despilfarrar una sonrisa o dos o tres o cuantas quieran venir a mi encuentro.
Quiero creer que no ha muerto en mis cabellos el brillo tan hermoso que de niño supe abrigar: el blando de los ojos y el alma, la imaginación, el placer en las cosas tontas y sencillas (que no guardan nunca una importancia práctica, pero si un refugio tibio en tu hoy, avasallado corazón profeta), en fin…
jueves, 17 de junio de 2010
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