viernes, 21 de mayo de 2010

Intermitencia despectiva


"Y en uno de esos trozos transparentes del muro de piedra
yo había visto a esta muchacha y había creído ingenuamente
que venia por otro túnel paralelo al mio"
Ernesto Sabato


Así eres.

Como un pajarillo fugaz que enternece las palomas,
y luego renuncia y deja caer las plumas y el rumbo.
Sabías hacernos ver debajo de esa nube: el viento,
el aire, el mar, los respiros nocturnos de la arena húmeda y silvestre.

Frágil.

De pronto tu latir diminuto se convierte en certeza,
por el paseo público un pálido señor gris revienta todas las luces del alumbrado.
Es preciso encontrarte antes de que las estrellas se desplomen,
como tábanos heridos.
Es preciso correr tras las siluetas muertas o acabar llevando todo
a un cajón repleto de polvo vivo.

Luz.

Hay una luz despierta en el último piso de este interminable edificio mudo,
un apartamento donde sólo tus ojos podrían abrirse paso,
- oh, pero es tan tarde.
Poco a poco se va descascarando a enormes pedazos el cielo.

Llueve.

Y que más da,
algo más de sal no habrá de matar a nadie,
como el agua que se hunde entre las sábanas,
el torpe rocío que impregna el ambiguo ropaje,
los dedos que acarician y luego se hunden resignados en el delírico elixir de tu piel.

Grito.

El final,
que nazca desde el fondo para terminar ahogado
en lo hondo de una noche, en cualquier campo húmedo,
donde los árboles y los pastos no sepan más que de gotas muertas y de silencioso barro.
Donde en el fondo de un lago fantasmal y secreto, se hunda mi risa,
para terminar viviendo junto a las piedrecillas grises,
que de lejos siempre te miraron.

Tranvía.

Hay en el fondo de éste callejón un oxidado tranvía,
aguardando a llevarme lejos, casi tan lejos como para no volverme loco,
hay cuatro aristas en este desquiciado mapa y un centro, en el mismo lugar,
el mismo edificio, la misma luz, el mismo apagón, el pajarillo inquieto que no estará cuando se decidan a terminar todo los frenéticos redactores del diálogo.

(Una rosa pierde su único pétalo,
un niño la mira desde lejos y llora)

La audiencia arremete con furia. La función acaba.

Cae un telón esta vez pálido.

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