sábado, 29 de mayo de 2010

También la música juega en mis ojos.

(A modo de introducción para el poema un texto de Julio Cortázar)

El canto de los Cronopios

Cuando los Cronopios cantan sus canciones preferidas, se entusiasman de tal manera que con frecuencia se dejan atropellar por camiones y ciclistas, se caen por la ventana, y pierden lo que llevaban en los bolsillos y hasta la cuenta de los días.

Cuando un Cronopio canta, las Esperanzas y los Famas acuden a escucharlo aunque no comprenden mucho su arrebato y en general se muestran algo escandalizados. En medio del corro el Cronopio levanta sus bracitos como si sostuviera el sol, como si el cielo fuera una bandeja y el sol la cabeza del Bautista, de modo que la canción del Cronopio es Salomé desnuda danzando para los Famas y las Esperanzas que están ahí boquiabiertos y preguntándose si el señor cura, si las conveniencias.

Pero como en el fondo son buenos (los Famas son buenos y las Esperanzas bobas), acaban aplaudiendo al Cronopio, que se recobra sobresaltado, mira en torno y se pone también a aplaudir, pobrecito.


(Interludio)


La gente sale a buscar café y se aplaza la función en diez minutos, nada más.


(Tras el imponente y rojo telón alguien canturrea un poco, guitarra en mano, piel, voz, corazón, en fin.)




"Acatad los desórdenes.
Vivid la crisis de los círculos cerrados.
La rebelión contra la evidencia.
Y no olvidéis que Dios no cumple
con los mandamientos de la ley de Dios."
Roque Dalton

¿Qué decir?
Sólo quiero beber un poco de sombra,
aprender el oficio de la pérdida y la renuncia,
como si las voces pudieran rasgar el cielo,
hacerlo lluvia.

(como tantas otras cosas)

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