y me pierdo en enormes laberintos:
Hay un ocaso encerrado bajo los relojes,
todo gira debajo de tu risa, este viento pálido
no precisa una dirección definida, no va ni viene,
no espera, ni busca.
Hay unos zapatos al margen de esta extenuada puerta,
hay polvo en las paredes y en la ceniza.
Hay un rostro sujetado con dos manos en el aire.
Hay un pasatiempo mecánico de burbujas que se revientan
en el medio de la noche.
Sobretodo esta de noche.
Cinco cadenas sujetan la puerta.
Alguien espera del otro lado.
Alguien golpea.
La madera cruje y sangra.
La madera es sujetada por cinco cadenas.
Las cadenas están frías.
Dos almas se separan.
Dos existencias mueren.
Sólo el metálico trajín de la muerte las desploma.
Ya es tarde.
El ocaso cae.
Cae una vez más el telón.
La imagen se detiene.
las lágrimas no tocan el piso.

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