se ha hecho ya de noche en plena selva moderna,
dos estrellas intactas contemplan, aquel sencillo espectáculo.
Arrulla y canta, canta y arrulla,
como si de sus manos naciera el sol,
como si sostuviera en ellas, el último refugio de los dioses.
No piensa más,
el amor es en sus manos un cristal de rosas.
Canta y sabe que afuera cae el tiempo a pedazos,
por las avenidas, se siente el histérico trajín.
El desesperado tranque de los hombres,
la construcción masiva de muros, murallas,
edificios suicidas, el golpeteo incesante.
Canta y arrulla, arrulla y canta.
Dos versos.
Uno tuyo.
Castillos y edificios se derrumban,
sólo escombros vivos rondan la cuadra.
No creerás lo que cuentan,
ese día ni los relojes pestañearon,
codo a codo todos ellos preguntaron,
clamaron vidita, lloraron desde dentro vidita.
Dime dónde.
No te vayas.
Déjanos el último pie.
Déjanos creer, no acaba.
Grito, un grito seco hace escarcha la noche del 27.
Ya no hay telón,
sólo sombras.

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