sábado, 29 de mayo de 2010

También la música juega en mis ojos.

(A modo de introducción para el poema un texto de Julio Cortázar)

El canto de los Cronopios

Cuando los Cronopios cantan sus canciones preferidas, se entusiasman de tal manera que con frecuencia se dejan atropellar por camiones y ciclistas, se caen por la ventana, y pierden lo que llevaban en los bolsillos y hasta la cuenta de los días.

Cuando un Cronopio canta, las Esperanzas y los Famas acuden a escucharlo aunque no comprenden mucho su arrebato y en general se muestran algo escandalizados. En medio del corro el Cronopio levanta sus bracitos como si sostuviera el sol, como si el cielo fuera una bandeja y el sol la cabeza del Bautista, de modo que la canción del Cronopio es Salomé desnuda danzando para los Famas y las Esperanzas que están ahí boquiabiertos y preguntándose si el señor cura, si las conveniencias.

Pero como en el fondo son buenos (los Famas son buenos y las Esperanzas bobas), acaban aplaudiendo al Cronopio, que se recobra sobresaltado, mira en torno y se pone también a aplaudir, pobrecito.


(Interludio)


La gente sale a buscar café y se aplaza la función en diez minutos, nada más.


(Tras el imponente y rojo telón alguien canturrea un poco, guitarra en mano, piel, voz, corazón, en fin.)




"Acatad los desórdenes.
Vivid la crisis de los círculos cerrados.
La rebelión contra la evidencia.
Y no olvidéis que Dios no cumple
con los mandamientos de la ley de Dios."
Roque Dalton

¿Qué decir?
Sólo quiero beber un poco de sombra,
aprender el oficio de la pérdida y la renuncia,
como si las voces pudieran rasgar el cielo,
hacerlo lluvia.

(como tantas otras cosas)

domingo, 23 de mayo de 2010

Tres aristas y un centro

"Antes de hundirme en el infierno
los lictores del dios me permitieron que mirara una rosa"
Jorge Luis Borges

Está bien. He resuelto en relatarte por fin la historia de este impúdico desierto. Es como si de pronto me hubiera quedado solo. Así, en un abrir y cerrar de ojos; como el loco que retorna a sus solitarias cavernas, que descubre en esos rostros plástico y en esas sonrisas papel. Pero bueno, supongo que este cuento no es de manera alguna algo singular, pero no puedo negarte que he conocido el fondo, que esta arena brilla por su fin propio, no el mio. Acertarás si quieres, en recoger mi rastro libre, el perfume muerto que ha quedado de lo que ya no soy, ni volveré a ser, que he caído sin darme cuenta en un mundo fantasmal y desértico, donde las direcciones tuercen su sentido, y me hunden lentamente en la arena.
Este destino no es para nada casual, es el resultado de una mala jugada, de una apuesta absurda a un sólo número, quizás lo sospechabas y me esperaste desde lejos, oculta en esa misma esquina que nunca crucé por temor a alejarme aún más de tus ojos. Pero no va esto al caso, quiero narrarte que perdido en este desierto aún veo siluetas en el horizonte, detrás de la eterna cortina que dibuja el abismo, esa humedad agobiante que desprende la arena cuando no puede soportar más el peso del sol. Te veo, todavía te veo aunque no me preguntes nada. En las noches oscuras cuando las estrellas inundan el paisaje, escucho tu risa. Oh, tengo que salir corriendo, no hay más lugar que el mio aquí, no hay otra sombra que la mía. Tal vez no entiendas lo que digo, te hablo desde muy adentro, como si pudieran las palabras extender un puente entre el cristal de tu boca y mi torpe corazón idiota, que nunca pudo verte.
Y bien, creo que todo acaba, terminaré en este relato, como quien acaba con el vino amargo del olvido, que no terminará en fin por disipar la pena.

(Fin)

La función acaba.

La luna devora afuera una tímida noche.

Olvidan bajar el telón.

Apagan las luces del Teatro.

( muere un artista bajo el escenario. Un viejo tango se echa a correr por la oscura avenida)

viernes, 21 de mayo de 2010

Intermitencia despectiva


"Y en uno de esos trozos transparentes del muro de piedra
yo había visto a esta muchacha y había creído ingenuamente
que venia por otro túnel paralelo al mio"
Ernesto Sabato


Así eres.

Como un pajarillo fugaz que enternece las palomas,
y luego renuncia y deja caer las plumas y el rumbo.
Sabías hacernos ver debajo de esa nube: el viento,
el aire, el mar, los respiros nocturnos de la arena húmeda y silvestre.

Frágil.

De pronto tu latir diminuto se convierte en certeza,
por el paseo público un pálido señor gris revienta todas las luces del alumbrado.
Es preciso encontrarte antes de que las estrellas se desplomen,
como tábanos heridos.
Es preciso correr tras las siluetas muertas o acabar llevando todo
a un cajón repleto de polvo vivo.

Luz.

Hay una luz despierta en el último piso de este interminable edificio mudo,
un apartamento donde sólo tus ojos podrían abrirse paso,
- oh, pero es tan tarde.
Poco a poco se va descascarando a enormes pedazos el cielo.

Llueve.

Y que más da,
algo más de sal no habrá de matar a nadie,
como el agua que se hunde entre las sábanas,
el torpe rocío que impregna el ambiguo ropaje,
los dedos que acarician y luego se hunden resignados en el delírico elixir de tu piel.

Grito.

El final,
que nazca desde el fondo para terminar ahogado
en lo hondo de una noche, en cualquier campo húmedo,
donde los árboles y los pastos no sepan más que de gotas muertas y de silencioso barro.
Donde en el fondo de un lago fantasmal y secreto, se hunda mi risa,
para terminar viviendo junto a las piedrecillas grises,
que de lejos siempre te miraron.

Tranvía.

Hay en el fondo de éste callejón un oxidado tranvía,
aguardando a llevarme lejos, casi tan lejos como para no volverme loco,
hay cuatro aristas en este desquiciado mapa y un centro, en el mismo lugar,
el mismo edificio, la misma luz, el mismo apagón, el pajarillo inquieto que no estará cuando se decidan a terminar todo los frenéticos redactores del diálogo.

(Una rosa pierde su único pétalo,
un niño la mira desde lejos y llora)

La audiencia arremete con furia. La función acaba.

Cae un telón esta vez pálido.

jueves, 20 de mayo de 2010

Último grito

Arrulla la madre al hijo,
se ha hecho ya de noche en plena selva moderna,
dos estrellas intactas contemplan, aquel sencillo espectáculo.

Arrulla y canta, canta y arrulla,
como si de sus manos naciera el sol,
como si sostuviera en ellas, el último refugio de los dioses.

No piensa más,
el amor es en sus manos un cristal de rosas.

Canta y sabe que afuera cae el tiempo a pedazos,
por las avenidas, se siente el histérico trajín.

El desesperado tranque de los hombres,
la construcción masiva de muros, murallas,
edificios suicidas, el golpeteo incesante.

Canta y arrulla, arrulla y canta.

Dos versos.

Uno tuyo.

Castillos y edificios se derrumban,
sólo escombros vivos rondan la cuadra.

No creerás lo que cuentan,
ese día ni los relojes pestañearon,
codo a codo todos ellos preguntaron,
clamaron vidita, lloraron desde dentro vidita.

Dime dónde.

No te vayas.

Déjanos el último pie.

Déjanos creer, no acaba.

Grito, un grito seco hace escarcha la noche del 27.

Ya no hay telón,

sólo sombras.

lunes, 17 de mayo de 2010

Laberinto II

Sucede que llego a la casa,
y me pierdo en enormes laberintos:

Hay un ocaso encerrado bajo los relojes,
todo gira debajo de tu risa, este viento pálido
no precisa una dirección definida, no va ni viene,
no espera, ni busca.

Hay unos zapatos al margen de esta extenuada puerta,
hay polvo en las paredes y en la ceniza.

Hay un rostro sujetado con dos manos en el aire.

Hay un pasatiempo mecánico de burbujas que se revientan
en el medio de la noche.

Sobretodo esta de noche.

Cinco cadenas sujetan la puerta.

Alguien espera del otro lado.

Alguien golpea.

La madera cruje y sangra.

La madera es sujetada por cinco cadenas.

Las cadenas están frías.

Dos almas se separan.

Dos existencias mueren.

Sólo el metálico trajín de la muerte las desploma.

Ya es tarde.

El ocaso cae.

Cae una vez más el telón.

La imagen se detiene.

las lágrimas no tocan el piso.

domingo, 16 de mayo de 2010

Sobre un tema con música - Otoño

Un pedazo de tiempo
fugaz y violento,
que fue a parar
directo al mar.

Y lo tomaste sin saber
que habrías de morir en el.

Ya no hace falta
que me digas donde hallar
un rincón tibio
donde descansar y amontonar
este dolor.

Despilfarraste el ser
y un último grano de luz
se fue.

Dicen en la villa que tu vida
es una vida más.

Dicen que tu corazón no logró
embrujar jamás la soledad.

Y que va a ser de éste lugar
sin la piedad que hay en tus ojos,
sin el arrullo y melodía de tu voz.

Caen las hojas sobre el mar,
ya no hay más flores en la pálida ciudad.

sábado, 15 de mayo de 2010

Indicios

Un mes apenas de melancolía y nostalgias,
de encaramarse entre estas oscuras telarañas,
que de pronto, se han vuelto una ciudad entera.

He vuelto después de todo;
el relente abrumador ha hundido inexorablemente,
cualquier posibilidad, de volver a encontrarte.

Ya ha completado su ciclo dramático,
este soliloquio perverso y desgarrador,
que precisaba de una habitación vacía,
repleta de sombras y enormes laberintos.

Extenuada se ha vuelto esta fascinación indómita;
hay algo en el aire además de este aroma a pétalos muertos,
y alegrías desarraigadas, no puedo verlo.

Me he vuelto un ciego;
este ínfimo rincón me ha marcado para siempre,
no están tus ojos aquí, no hay nadie.

Tendría que gritar tantas veces,
para volver a creer.

Carta de Julio Cortázar a Edith Aron

"Querida Edith: No sé si se acuerda todavía del largo, flaco, feo y aburrido compañero que usted aceptó para pasear muchas veces por París, para ir a escuchar Bach a la Sala del Conservatorio, para ver un eclipse de luna en el parvis de Notre Dame, para botar al Sena un barquito de papel, para prestarle un pulóver verde (que todavía guarda su perfume, aunque los sentidos no lo perciban). Yo soy otra vez ese, el hombre que le dijo, al despedirse de usted delante del Flore, que volvería a París en dos años. Voy a volver antes, estaré allí en noviembre. ( ... ) Pienso en el gusto de volverla a encontrar, y al mismo tiempo tengo un poco de miedo de que usted esté ya muy cambiada, ( ... ) de que no le divierta la posibilidad de verme. ( ... ) Por eso le pido desde ahora y se lo pido por escrito porque me es más fácil ( ... ) que si usted está ya en un orden satisfactorio de cosas, si no necesita este pedazo de pasado que soy yo, me lo diga sin rodeos. ( ... ) Sería mucho peor disimular un aburrimiento. ( ... ) Me gustaría que siga siendo brusca, complicada, irónica, entusiasta, y que un día yo pueda prestarle otro pulóver."

jueves, 13 de mayo de 2010

Persianas del Pánico

Un viento blanco entra por el enorme ventanal,
hacia el salón vacío.

De pronto el súbito latir del reloj hace crujir las paredes,
la pintura de los cuadros se destiñe y cae en medio del salón,
parece todo mentira.

En el medio de la sala un hombre agoniza,
quiere gritar que esta ahí, quiere descolgar el teléfono por
última vez y saber que nadie aguarda del otro lado.

Un estruendo arremete en el salón,
callejones enormes se asientan en la extraña sala.

No hay nadie más.

No hay nadie perdido.

Sólo este latir de tiempo muerto.

Este último segundo de vida.

Este universo muerto.

miércoles, 12 de mayo de 2010

Laberinto I

Amarrado al suelo, es la única forma,
sin escuchar un solo latido este loco,
descubre en el techo enormes telarañas,
laberintos oscuros repletos de gentes y de nombres inconclusos,
aquella Rosa meditativa dibujada con frío rigor, suspende su universo hasta hacerlo plástico.
Se esconde en los rincones quiere olvidar, quiere nacer desde lo más hondo,
desde el derrumbe más definitivo y avasallador,
se mueve lentamente, se arrastra entre su propio barro,
no encuentra mas que letras muertas,
busca un nombre, aunque sea una letra o un número, un indicio de existencia.

¿Dónde estás?

martes, 11 de mayo de 2010

Itinerario

La rígida máquina nunca antes estuvo tan furiosa,
tan desenfrenada en su maniático afán de contarlo todo.

Engranajes que despedazan las siluetas,
titiriteros de un destino melancólico y sutil, inevitable.

Como desactivar esta idiota manía de correr hacia
la sombra y el destierro.

Como evitar tornar un rumbo al compás de este asesino paisaje.

Falta una página sin embargo en este libro indócil,
arrancada con piel y uñas, destinada a permanecer
libre de etiquetas y el agobio ensordecedor de mis dedos,
Busco y busco desesperadamente,

¿Dónde estás ?

lunes, 10 de mayo de 2010

Punto Aparte


"Los que más bajo caen son los grandes,
a los pequeños les perdemos el rumbo.
En el amor se traicionan todos,
el amor es el padre de sus vicios."
Enrique Lihn

(Un profundo vacío hace ademán de poder llenarlo todo)

Hay cristales rotos bajo la puerta,
dos niños lloran las heridas de una infancia póstuma y desgarradora.

Hay un cuchillo afilado a las espaldas del muerto,
dos lágrimas vírgenes ruedan por debajo de las máscaras.

Hay cuatro letras enterradas bajo tierra,
sólo una hora antes del crepúsculo el sol se derrumba.

Hay hombres de traje negro de pie en esa esquina,

Cree que sonríe,
Cree que busca,
Cree que encuentra.

Juega la suma millonaria a un solo numero,
un solo rostro, el tuyo.

Cae y sabe que no habrá retorno.

Acuden al espectáculo oficinistas y empleados, académicos y estudiantes,

Es totalmente un milagro.

Un fulgor tísico en sus pupilas hace llorar a la audiencia.

Cae el telón entre arrebatos.

domingo, 9 de mayo de 2010

Allemande

Se abre el día.

(Hay afuera una gotera hirviendo;
Anoche llovió. ¿Te acuerdas?)

Bastará con decirte cuanto más desesperado sería no decir palabra alguna.

Caen goteras desde lo alto del cielo.

Alguien llora.

Cae el telón.

sábado, 8 de mayo de 2010

Prélude

Dispongo de tan poco para encontrarte,
son estas manos dormidas, tan cerca de tu sombra,
este porvenir terco, aferrado inevitablemente
al balcón enigmático del olvido.

Comienzo otra vez con mi rutina suicida;
el estúpido deber, de encontrarte en todo:
las grietas de la puerta, la correspondencia muda,
el teléfono que grita y desmorona las paredes, el barro.

Hay un lugar perdido al compás de la ceniza,
Hay un pedazo del tiempo extraviado al margen de esta desenfrenada búsqueda.
Hay unos ojos que no volvieron a ser nunca, transparente certeza.
Un farol que agoniza y calla, en medio de esta diminuta habitación.

Ya ves, como me cuesta explicarte.

No es fácil transitar sobre el desahucio y el absurdo.
Ni es fácil volver a las seis y saber que acaba el día, sin un solo respiro.

El papel se rompe.
la humedad inunda todo.
es tiempo de callar, o gritar hasta morir de sed.
las agujas entran, clavan y dejan finas marcas en la piel.

Cae el telón.