18 lunas idénticas se han posado hoy sobre mis cabellos,
como volver a ser niño una vez más, así de repente.
Veo atrás, y encuentro una colección de puentes hecho añicos,
miro por delante y un precipicio enorme se dibuja en torno mío:
entre otras cosas vaga el amor, la fortuna, la dicha,el honor, la gloria, el prestigio, la fama,
ese tipo de cosas que buscan los hombres cuando se cansan de ser niños.
Pero yo por mi parte, quiero seguir buscándome en lo hondo,
quiero alzar mi bandera y en un grito la risa, el corazón, el alma.
Quiero buscar manantial entre rocas,
exigir una caricia a la dura mano del odio,
buscar la libertad en mis propios pies, recientemente tan llenos de polvo y barro.
La alegría en cualquier rosa o parque o campana o tal vez un café o una sábana,
lo que el viento quiera arrastrar a mi lecho, por capricho o azar.
Ir como el agua, unánime, hermoso, sin preocuparme de las rígidas tormentas del sol,
que no siempre acaban por llegar a todas, todas las puertas. Quiero hacer crecer flores,
despilfarrar una sonrisa o dos o tres o cuantas quieran venir a mi encuentro.
Quiero creer que no ha muerto en mis cabellos el brillo tan hermoso que de niño supe abrigar: el blando de los ojos y el alma, la imaginación, el placer en las cosas tontas y sencillas (que no guardan nunca una importancia práctica, pero si un refugio tibio en tu hoy, avasallado corazón profeta), en fin…
jueves, 17 de junio de 2010
sábado, 5 de junio de 2010
Último tiempo
Dejé llegar sin discrepancia a mi lecho, éste raudal del tiempo.
Sobrio artilugio de una complejidad abismante, quiero decir:
¿Sabe alguien hasta donde es capaz de llegar, el óxido en sus entrañas?
Cada día me defiendo exasperado, como envuelto en odio.
Hasta el mantel de la mesa me parece en cierta forma,
un pequeño mundo.
Salgo a la calle y enseguida la algarabía incesante.
Entro en mi habitación que cada vez se ha de encoger más sobre mis hombros.
Cada vez me encuentro más lejos de éste barrio.
Siento que viajo como sobre un astro diminuto, sin un mínimo de control.
Veo como frente a mis ojos en un ventanal enorme se dibujan rostros y nombres.
Veo rejas.
De vez en cuando una rosa.
Pero estoy tan lejos.
Sólo me queda un recuerdo.
He llenado éste sitio de grandes cuadros, repletos de ojos,
para atenuar mi soledad.
Cada paso hace crujir la madera bajo mis pies.
No hay remedio.
No me busques.
Probablemente, tampoco me encontrarías.
Tú.
C'est la vie.
(Rueda entre las escalinatas del vasto teatro,
un corazón diminuto)
- La audiencia se retira con gran modorra, nadie se percató en ningún instante la brizna tibia que acompañó el relato.
Abrelatas
Ésta tarea me ha retrasado de seguro,
más de una vez en mis labores prácticas y cotidianas.
En mi calle cada día hay más muros y esta tarea de dividir
las aceras parece más activa que nunca.
El ladrillo como ya debes saber,
exige ciudadanos firmes.
Quienes no busquen mirar entre los agujeros
al extenuado vecino, o a su más querido.
Exige por supuesto, de un amor plástico y sutil,
enjabonado casi hasta la locura,
como para ser expuesto de ornamento,
o esculpirlo cuidadosamente en el ante-jardín.
Que fácil, no.
Hoy se les ve a todos construyendo grano a grano
sus enormes muros, sus oficinas de metal.
Como en casi todas las cosas; no acabe por entenderles.
Ya vez, me hice una trinchera.
Renuncié primero, como es debido,
al agobiante nombre que asumí, a la dirección prescrita,
a todos los credos existentes y las figuras políticas.
No quise llevar nada conmigo.
Entonces,
una violenta nube vino a parar
justo sobre mi cabeza.
Tormenta tras tormenta arrasó con mi única lucha,
Fui entonces cayendo al mismo mundo que me trajo,
Fui haciéndome un sitio.
Ahora miro con vergüenza.
El pecho me sangra.
Vaya a saber usted como van a sangrarle las manos cuando por fin entienda, lo único que de verdad hizo en vano.
Va a consumirle la irá.
Váyase entonces.
Allá lo espera un ancho día.
Acá termina éste encuentro.
Lights out.
jueves, 3 de junio de 2010
Ocaso y residencia
Torpe.
Lo confieso.
He vuelto a enmudecer mi rostro,
He vuelto a contener el pecho,
He vuelto a corromper mi sombra,
He vuelto a olvidar por última vez el abrigo.
Y vez, qué te parece,
me he vuelto una paradoja viva,
¿no crees?
Podría haber resuelto todo, así, en un segundo,
pero estabas tú, y y tus inmensos ojos brillantes,
a contra luz, y a contra mundo,
no creo necesario dar más detalles,
para revelar tu perfil insepulto.
Ya el tiempo ha destajado,
sin descuido nuestras marcas,
los aires diminutos que advirtieron una vez,
el cruce irónico, entre nuestros tan distantes destinos.
Te cuento un poco más,
ven camina, ésta página precisa
de unos ojos como los tuyos, para no crisparse entera de negro.
Quiero hablar resuelto,
sin ataduras ni cadenas,
sin sogas amarradas al cuello,
ni marcadores en la muñeca,
ni números en las esquinas y en las habitaciones.
Estos meses han sido violentos,
han azotado mi puerta, la han hecho trizas.
Ahora soy como el loco que junta los últimos pedacitos,
que abraza las migajas y se figura que todo vuelve, como el agua.
Ahora está la luna,
que vuelve a encandilar este bosque solitario y húmedo.
Ahora se ha desquebrajado el cielo bajo tus pies.
Ya vez como has transformado el mundo.
Tu no lo sabes, pero es tan simple.
Como una rosa, un helado, un lápiz.
Debo dejarte.
Sólo una palabra me gustaría llevar conmigo.
(en medio de una hermosa función, alguien se desmaya. Un gran alboroto termina por hacer trizas la escena, se apagan las luces, los ojos se apagan, un corazón pregunta)
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
