Abajo, la ciudad tiembla,
se desploma el gris
y de las ventanas
escurre a gritos caudalosos
un universo muerto.
Ha caído inevitable el invierno.
En las principales avenidas
y concurridas arterias,
se dibujan burbujas
llenas de niños dentro,
como para calmar la ira
de la capital sedienta
de ver y ver venir el odio.
Su esquina habita dentro,
callará para llegar a quedarse.
Pero mientras, los corazones
llueven invisibles, torrentosos.
No podría creer que algo
vuelve a crecer al margen
de esta penumbra.
En la ciudad,
los alumbrados de las calles
son como las gentes, descorazonados, sombríos,
han sido todos perforados en el centro,
ya sea por obra o desobra del nuevo viejo milenio.
Ahora echa a correr tu risa,
el frágil patín que es aguardar
expectante el cambio, y bueno,
como ya sabes, la ciudad no marchará
a ninguna parte.
La impotencia es el límite,
donde la locura sepulta los corazones.
(Now...
close your eyes)

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